I. Aceptar serlo.
Describíamos láminas delgadas de rocas ígneas, mis trazos esquemáticos de las texturas y de los minerales que constituían las muestras eran simples borradores; me había acostumbrado a entregar en limpio, a tinta china y con buena caligrafía el reporte final, a eso atribuyo el haber trabajado tan a la ligera en esa versión preliminar.
Unas chicas dibujaban “bonito” lo que consideré muy inferior a lo que yo produciría en casa.
El profesor alzó la voz y recogió los ejercicios. A mí me atrapó un sofocamiento de paracaidista, no podía creer que el instructor cambiara tan arbitrariamente la dinámica y las reglas preestablecidas.
Después de darle vuelta al altero de hojas, de acomodarlas como si fuesen barajas, el pulcro maestro sacó dos hojas, felicitó a las chicas por su profesionalismo y me reprendió pública y cruelmente por mi descuidado desempeño.
Me sentí ridiculizado y sin escapatoria decorosa ¿cómo explicar razones, cómo argumentar ante un grupo burlón, cómo convencerlos de que yo superaría a cualquiera de ellos si tan sólo se me dieran unas horas adicionales? El silencio fue la mejor cobija, la tomé y me refugie en ese mundo sordo y distante.
Así me dí cuenta de que algo no marchaba bien, ejemplos como el anterior se repitieron con otros temas y en distintas escenografías. Ahora el diagnóstico tardío es el siguiente: -¡Me llamo Xotlatzin y soy perfeccionista!
II. Producir con poca calidad
El principal problema del perfeccionista es su miedo al fracaso, así que la solución es simple, fracasar y dejar de sufrir, matar al perro para acabar con su rabia, producir esos diamantes en bruto sabiendo que no serán bellos en una primera fase ni en ninguna otra, así se quedarán, en bruto.
Si se llega hasta éste paso se ha vencido cualquier barrera psicológica y lo que resta es felicidad pura por percibir lo hecho, por la posibilidad de tocar lo concreto, lo tangible. Lo ideal se devalúa, se deshace ante lo irrefutable de lo real, por imperfecto que sea.
III (y último). Concrete dos cosas en vez de una
Con trabajo extra el proyecto tomará su forma y puede ser que hasta adquiera brillo, pero cuídese de no pulir antes de termina con el cincel, lo importante es que el armazón quede sólido, lógico y resistente ante las embestidas críticas; ignore lo cosmético, las particularidades importan poco.
Cada hora y cada día invertidos deberán verse notoriamente reflejados en un mejoramiento del proyecto, se llegará al punto en que se requerirá de mucho más tiempo y no obstante la calidad se verá mejorada cada vez en menor proporción, es justo en ese punto (óptimo) donde hay que parar y como dicen en mi pueblo:-¡A otra cosa mariposa!
Una vez alcanzado el punto óptimo es preferible iniciar un nuevo proyecto que desperdiciar el tiempo en obstinarse con un efímero mejoramiento de uno sólo trabajo.

Xotlatzin >< :>
Jueves 14 de agosto de 2008; 23:27 hrs.